Cine: La crítica de “El Reino”

La nueva producción del brillante director Rodrigo Sorogoyen (GOYA MEJOR DIRECTOR Y MEJOR GUIÓN  sus anteriores películas… Stocklom; Que Dios nos perdone) resulta tan contundente como actual y oportuna. Este retrato cinematográfico de la corrupción en nuestro país  era realmente necesario y evidencia un meritorio trabajo de documentación que sirve de base a una trama redonda, sostenida por un reparto formidable.

Manuel López-Vidal  (nombre ya para el recuerdo)  alto cargo regional de un partido político, carismático y ejemplar padre de familia, es también la pieza clave de una red de malversaciones, falsedades y adjudicaciones amañadas con las que el  y sus amigos se han llenado los bolsillos.  Cuando un miembro  de ese circulo  delictivo es detenido por la policía, esos chanchullos comienzan a salir a la luz, amenazando a todos los implicados.
Cada secuencia esta dotada del sentido preciso en un guión perfecto. La escena de apertura nos convierte en testigos silenciosos de una opípara comida en un restaurante de categoría, donde los personajes bromean, sobre sus aparentemente pequeñas y extendidas fechorías. A partir de ahí, la acción se precipita sin aturullarse como una bola de nieve que va arrastrando cuanto se encuentra a su paso.
El ritmo lo marca el ir y venir del protagonista, de su oficina a casa o a la reuniones con colegas que progresivamente van tomando un cariz más agrio. A medida que se estrecha el cerco de las investigaciones, la angustia y la desazón crece y las tensiones se multiplican hasta llegar a una situación crítica y convertir a los íntimos prácticamente en enemigos que luchan por sobrevivir al grito de  sálvese quien pueda.
Su metraje vuela y las dos horas transcurren con fluidez, culminadas con un tramo final apoteósico, moviéndose en los terrenos de un thriller asfixiante debidamente coronado.

La dirección de actores es sobresaliente, de manera que desde el primero al último lucen en sus intervenciones.  Antonio de la Torre,  (GOYA AL MEJOR ACTOR)  demuestra nuevamente que no tiene techo actoral.  Aquí se va transformando conforme cambian las circunstancias y consigue que el espectador pase de condenarlo irremisiblemente a sentir cierta compasión.  El resto  del elenco no le va a la zaga  con un Luis Zahera  (GOYA MEJOR ACTOR DE REPARTO)  en estado de gracia, a quien se les une, entre otros, Bárbara Lennie, Nacho Fresneda y  el gran  Josep Maria Pou.
DE VISIONADO IMPRESCINDIBLE.
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