La arropía, el caramelo tradicional de miel de caña de azúcar

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Los caramelos han sido siempre un producto muy consumido por niños y mayores cuya fabricación ha evolucionado hasta hoy, sin embargo existen aún zonas como la Costa del Sol oriental donde se elabora la arropía, un caramelo de miel de caña de azúcar de tradición centenaria que está cerca de la desaparición.

La arropía no se produce en pastelerías de la zona ni se vende, es un producto que no tiene precio y que se elabora de manera artesanal en casas particulares, un manjar que grupos como la Asociación Azalea de Frigiliana elabora para repartir de forma gratuita en dos festividades señaladas en este pueblo.

Pero sin duda en la zona de la Axarquía, donde abundaba sobre todo en la zona de Torre del Mar, las plantaciones de cañas de azúcar (hoy en día ha desaparecido totalmente, era típico en las ferias de los pueblos, sobre todo en Torrox, Nerja y los pueblos colindantes, la arropía, caramelo por excelencia hechos con miel de caña, que preparaban delante de la chiquillería sobre una piedra de mármol.

Aún se recuerda como se pregonaban a la hora de venderlos: “Al caramelo de miel; la arropía, dulce y retorcía”.
Yo no lo he llegado a conocer personalmente, pero sí me ha “picado” la curiosidad de probarlos y prepararlos.
El olor mientras los hacía realmente magnífico, el sabor francamente no me ha gustado en absoluto; pero hay que ponerse en el lugar de esos niños, quizás en la posguerra como me contaba mi madre, que para endulzar la “cebá” (al no haber café, ni leche bebían cebada tostada y molida hervida en agua) chupaban al mismo tiempo un trocito de caramelo de éste tipo. La necesidad y el hambre aguzaba el ingenio.

Como se prepara: 

Untar de aceite un cacillo, echar la cantidad de miel de caña que se desee y ponerlo al fuego, llevar a ebullición y no dejar de remover. Pasados dos o tres minutos, echar una gota en un vaso de agua fría, si se solidifica es que está listo, sino dejarlo hervir unos minutos más. Dejar enfriar.
Untar de aceite la encimera, untarse las manos de aceite y estirar hasta conseguir el grosor que se quiera. Se endurecerá enseguida, se parten en trozos y se chupa como un caramelo.  El aspecto es brillante y crujiente.
Se tienen noticias de que incluso era costumbre de echarle almendras mientras se extendía y para que queden más “rubios” un poquito de bicarbonato.

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