Luz Casal actuará en Teatro Cervantes de Málaga el 30 de abril

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Jesús Hurtado/Billboard Andalucía

Luz Casal regresa a los escenarios tras cinco años sin canciones originales, va camino de las cuatro décadas en la música, ha vendido más de cinco millones de discos y, desde 1991, tiene un pie en España y otro en el resto del mundo. La adoran en Francia, pero también toca en Grecia, en Bruselas, en Japón o en China. “Verte seis conciertos en Japón cantando tus canciones como si estuvieras en Cuenca es fortísimo, solo que las reacciones son distintas. Pueden ser igual de espontáneas, pero se manifiestan de otra manera”, puntualiza.

Por eso su interpretación se ha vuelto más gestual: “Si canto ‘cielo’ señalo así (sube la mano). La música no tiene idioma. Entre la emoción que puedes causar con tus melodías y la expresión que tu le añadas estableces comunicación. No te puedes imaginar la respuesta de la gente: ‘He entendido todo lo que dices’. Profesionalmente es fuerte, no lo tienes fácil. Hay sitios en los que piso el escenario y ya me están aplaudiendo, y yo no he hecho nada. Estás como viva”.

Así por ello Luz Casal (Boimorto, A Coruña, 1958) pone fin a cinco años sin canciones originales con el lanzamiento de Que corra el aire (Warner Music, 2018), un nuevo disco producido por Ricky Falkner, colaboraciones como las de Jairo Zavala (Depedro) o El Twanguero, y canciones propias mezcladas con otras de Conchita, Pablo Cebrián, Cristina Plaza o Yadam. La guinda la pone una versión de la desaparecida Mari Trini. Temas que podremos disfrutar junto a otros de su discografía el lunes 30 de abril en el malagueño Teatro Cervantes.

En algún momento de 2016 cayó en manos de Luz Casal un disco del que quedó prendada: “Me mata si me necesitas”, el último trabajo de Quique González. “Tenía una producción preciosa, aparte de buenas canciones y del buen trabajo de los músicos. Pensé: ‘Con el material que tengo, me gustaría trabajar con este hombre, y grabar el disco en España’”. Ese hombre no era otro que Ricky Falkner, a quien llamó para proponerle que fuera su productor. Esta vez quería trabajar en casa: “Generalmente suelo grabar fuera, siempre me ha gustado poner tierra por medio, estar con los músicos menos en la cama, todo el tiempo”. Falkner aceptó. Se reunieron alguna vez para ver el repertorio y hablar de las canciones y, entre octubre y noviembre de 2017, registraron “Que corra el aire”, su nuevo disco editado por Warner.

Preguntarle por qué abandonó el rock que militaba en los 80 es pinchar en hueso. “Abandonado, nunca. No se puede abandonar aquello que es esencia de tu ser, no ya de tus gustos y de tu trabajo”, niega con rotundidad. Son sus raíces. “Yo empiezo en la música siendo una niña, a hacer versiones de los Creedence, el grupo del que más discos compré. Con ellos me vestí por primera vez de vaqueros, cuando no había vaqueros de chicas, había que comprárselos en tiendas de hombres. Eso te marca, es como la primera relación amorosa que tienes”. Lo que otros conciben como su pasado, ella lo vive como su presente: “Yo nunca he abandonado nada, lo que pasa es que no es lo mismo empezar una carrera en la música cuando eres adolescente que cuando eres niña.

No es lo mismo cuando expresas tus sensaciones, tus vivencias, según tu etapa vital, que hablar de manera genérica. Si yo paso por una experiencia vital seria, dolorosa, no puedo hacer una canción cuyas guitarras estén llenas de distorsión, porque ya la tengo incorporada. Toda mi vida he hecho los discos que he querido y como he querido. Jamás me he puesto límites”.

Si se hubiese dejado llevar en el pasado, seguramente habría grabado un disco de boleros tras el éxito masivo de ‘Piensa en mí’, tema que grabó para “Tacones lejanos” y que incluyó en “A contraluz” (1991). No lo hizo hasta 2009. “Te puedes imaginar, con lo que ha significado esa canción, la de veces que me han dicho en esos veinte años por qué no grabo un disco de boleros. Nunca se me pasó por la cabeza, y si se me pasaba, pensaba: ‘Bueno, si algún día lo hago será cuando a mí me dé la gana’. Me puse malita en el año 2010 y lo hice”. Cuando quiso, porque quiso.

El rock está en su actitud: “No tengo que mantener una imagen determinada. Me visto de negro generalmente, pero hoy me he puesto el abrigo rosa. ¿Es menos rockero? Yo lo que quiero es verme bien en el espejo. Si por el camino pierdo gente porque considera que soy muy veleidosa, muy veleta, no es algo que me preocupe. Mi preocupación es hacer buenas canciones, cantar buenas canciones, expresar sensaciones y sentimientos que le lleguen a la gente, y que digan: ‘Joder, tía, me has hecho llorar’”. No le importan los géneros: “Yo la música la veo como un todo. Puedo escuchar perfectamente música barroca, lo último de electrónica, trap, lo que sea. Mientras me guste y me parezca interesante me da igual el estilo. ¿Qué es rock? Cuando se lo preguntaron a Keith Richards, dijo: ‘Rock soy yo’. No voy a ser tan arrogante para decir que el rock soy yo, pero es una actitud, una necesidad de modificar aquello que consideras que no está bien. Lo más importante por encima de todo es la música”.

Esa forma desprejuiciada de relacionarse con la música se refleja también en las revoluciones y el lenguaje de sus álbumes, que son una prolongación de su vida. “¿Cómo voy a titular un disco ‘Qué bonita es la vida’ mientras estoy tratándome con quimioterapia? Pues ‘Vida tóxica’, porque me estaba metiendo de todo para frenar la enfermedad. Todo está intimísimamente relacionado con mi vida, absolutamente. Por eso me cuesta tanto trabajo cuando me dicen: ‘Tiene novio…’. ¡Pero si ya lo expreso! Sutilmente o directamente, está todo en las canciones”. Su profesión y su vida privada están íntimamente ligadas: “Yo no soy dos personas. Bueno, soy muchas personas, depende de la canción que esté interpretando, pero ahora hablando soy la misma que dentro de cinco horas está ensayando, está todo muy mezclado”.

La composición también: “Hay momentos en los que tienes una disciplina, porque dependen otros de ti, pero la predisposición a que ocurra algo interesante está siempre. La puerta a que te sucedan cosas inesperadas está siempre abierta. Cuando me preguntan en qué me inspiro, digo: ‘En la vida, en lo que ves, en lo que escuchas, en lo que sientes’. Y lo que no traspasas exactamente a la palabra, de manera sutil se mete en una canción, en una letra, al cabo del tiempo. Quizá no tiene nada que ver, pero yo sí sé el origen”.

La gira de Luz comenzará el 16 de marzo en Avilés y pasará después por Vigo (17 de marzo), A Coruña (24 de marzo), St Martin de Crau (Francia, 31 de marzo), Girona (6 de abril), Barcelona (7 de abril), Valencia (21 de abril), Málaga (30 de abril) en el Teatro Cervantes, Santiago (5 de mayo) y Oviedo (19 de mayo).

Tiempo después aún para Fuerteventura (23 de mayo), Las Palmas de Gran Canaria (24 de mayo), Lanzarote (25 de mayo), Santa Cruz de Tenerife (26 de mayo), Valladolid (16 de junio), Alicante (14 de julio) y Jerez de la Frontera (12 de agosto). Estas fechas por el momento, pero seguro llegarán muchas más.

Para información y entradas en http://www.teatrocervantes.com

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