Podemos Vélez-Málaga alerta del estado de deterioro de Las Claras y exige al Ayuntamiento que adopte las medidas necesarias para garantizar su conservación

Podemos Vélez-Málaga alerta del estado de deterioro de Las Claras y exige al Ayuntamiento que adopte las medidas necesarias para garantizar su conservación



La formación morada recuerda en nota de prensa a los medios que los intereses particulares no pueden primar sobre los generales y que ya se ha mirado demasiado tiempo para otro lado. Y es que según Podemos Vélez-Málaga, desde que en 2009 la congregación de Hermanas Clarisas se trasladase al nuevo convento sito en la carretera de Arenas, la situación del Monasterio de Nuestra Señora de Gracia, conocida como las Claras (que en abril de 2011 pasó a formar parte, por decisión del Consejo de Gobierno, del Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz) no ha dejado de empeorar, como es especialmente visible en sus cubiertas, y solo el uso cultural que se le ha dado al establecimiento durante los últimos años ha impedido que su cierre total terminase acelerando su proceso de ruina.

En los últimos días, sin embargo, y tras producirse sin previo aviso el desalojo de los artistas y artesanos que habían encontrado en este mítico inmueble unas dependencias para ensayar, desarrollar o exponer sus obras, se ha añadido más incertidumbre a la de por sí delicada situación de un edificio que ya en noviembre de 2015 fue objeto de un primer acuerdo entre el Ayuntamiento y la propiedad con el objetivo de pasar a titularidad pública.

Sin duda, las conocidas dificultades económicas que ha atravesado la empresa propietaria así como la colusión de intereses con sus antiguas dueñas y con la entidad financiera que a día de hoy parece haber asumido la titularidad del inmueble, Unicaja, han influido de forma decisiva en la historia reciente del monumento y han supuesto un serio hándicap a la hora de sacar del atolladero a esta joya de nuestro patrimonio histórico artístico, pero estas complejidades legales no pueden en ningún caso poner en peligro la integridad del inmueble. No en 2017. La Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía en en este sentido muy tajante cuando afirma en su Capítulo III, Artículo 14 que:

1. Las personas propietarias, titulares de derechos o simples poseedoras de bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz, se hallen o no catalogados, tienen el deber de conservarlos, mantenerlos y custodiarlos de manera que se garantice la salvaguarda de sus valores.

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La Consejería competente en materia de patrimonio histórico, en este sentido, como recoge el artículo 15 de esta ley, puede ordenar a las personas propietarias, titulares de derechos o simples poseedoras de bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico la ejecución de obras o la adopción de las actuaciones necesarias para su conservación, mantenimiento y custodia, pudiendo estas personas -siempre que ofrezcan a la Consejería, para ella misma o para un tercero, la transmisión de sus respectivos derechos sobre el indicado bien- liberarse de la carga impuesta cuando el coste de las obras o actuaciones necesarias excedan del 50% del valor total del bien de que se trate.

Además, en el caso de que las personas obligadas por las órdenes de ejecución de obras o actuaciones de conservación, mantenimiento o custodia no las ejecuten voluntariamente, ni procedan a optar por las medidas indicadas anteriormente, la Junta podrá, bien imponer multas coercitivas o proceder a la ejecución subsidiaria de las mismas con cargo al obligado a su realización. Y, finalmente (art. 18), si el incumplimiento de estas obligaciones persiste, podria facultar a la Administración “para la expropiación total o parcial del bien por causa de interés social”.

Herramientas, por lo tanto, hay de sobra. Lo que falta es memoria -como si nuestros dirigentes hubiesen olvidado la traumática pérdida patrimonial que supuso en los 80 la destrucción del antiguo convento de San José de la Soledad- y voluntad política para que este antiguo monasterio, que data de 1555 y que está declarado Bien de Interés Cultural (BIC), sea conservado, recuperado y destinado a un fin que permita su visita y disfrute por la ciudadanía al tiempo que, previa consulta con agentes sociales y vecinales, convertirse en elemento dinamizador del deprimido casco antiguo veleño.

La participación en este caso de Unicaja en esta historia debe servir como oportunidad, primando el vector social y cultural que distingue a su fundación al rendimiento económico puro y duro. Demasiado tiempo se ha mirado para otro lado. Seguir haciéndolo no es una opción.

(PODEMOS VÉLEZ-MÁLAGA)