Un poco de psicología en la conducción (Significado del factor humano en la seguridad vial)

Por Juan Manuel Rubio

Un poco de psicología en la conducción (Significado del factor humano en la seguridad vial)



Cuando nos preguntamos porqué suceden los accidentes de tráfico decimos que, en la mayor parte de los casos, el principal factor interviniente es el factor humano entre otras razones porque es él quien toma las decisiones mano’. Sin duda, es el hombre el principal responsable de los accidentes, entre otras razones porque es él quien toma las decisiones sobre el movimiento del vehículo, salvo raras excepciones. De igual forma, es él quien decide comprarse o no un coche, cuando llevarlo a la revisión o si viajar en tren o quedarse en casa.

También son los hombres los que planean las carreteras, crean normas de convivencia y todo lo demás. Por todo ello, hablar de la incidencia del factor humano resulta bastante inespecífico y puede puede producir confusión.

Cuando una máquina falla, falla el hombre que la fabrica. Al fin y al cabo, fallar es un verbo y los verbos se refieren a acciones y todo el mundo sabe que las acciones son propias de los seres vivientes, no de los inanimados.

Pocas cosas no son de factor humano, pero la forma que tenemos de percibir nuestra responsabilidad depende de varios factores.

En parte, se trata de una cuestión de estadística. ¿Cuántos neumáticos entre un millón tendrían que reventar para considerar culpable al fabricante? ¿Qué opinaría si reventasen 500.000? ¿Y si fueran 1.000? ¿Culparía al fabricante si solo reventase uno? ¿Y si fuesen 100 millones? Y si fuese el primer reventón de la historia de la humanidad, ¿sería culpable el ingenioso que inventó los neumáticos hinchables?

Cuando un suceso es estadísticamente raro es más fácil catalogarlo de accidente. Existe, no obstante, la consideración de evitabilidad: si algo puede evitarse, incurrimos en cierta responsabilidad si no ponemos los medios preventivos pertinentes.

Una tormenta se aproxima y usted se dispone a salir con su automóvil. Usted sabe que, bajo “condiciones atmosféricas adversas” es más peligroso circular y así lo confirman las estadísticas. Si le cayera un rayo encima el accidente hubiera sido visto como una fatalidad.

Pero supongamos que esto no sucede. Usted va circulando y en un semáforo en ámbar, el coche de delante frena. Usted pisa el freno y su vehículo se desliza en el pavimento mojado, alcanzando al vehículo precedente.

Usted no puede impedir que caiga la tormenta, pero puede tomar decisiones. Por ejemplo: aumentar la distancia de seguridad, reducir la velocidad o estar más atento. También podría escuchar el parte meteorológico y decidir salir más pronto de casa para tomarse el trayecto con más calma o haber elegido otro modo de desplazarse.

Pues bien, si tenemos alternativas para responder eficazmente a los cambios meteorológicos y no las ponemos en práctica cuando éstos se producen, ¿qué sentido tiene decir que el accidente fue, en alguna medida, consecuencia de la tormenta?

Decir que la condición atmosférica “tormenta” es un factor que influye en los accidentes, puede que no tenga más significado estadístico, que viene a decir que, si bien los conductores disponen de alternativas eficaces para responder a la tormenta, no las utilizan cuando ésta se presenta. ¿Es que realmente disponemos de esas alternativas o es una ilusión? ¿O es que la tormenta posee algún efecto mágico desconocido que nos lleva a desear vivir peligrosamente?

Por una parte no queremos tener accidentes, pero por otra no ponemos medios para evitarlos. Si examinamos el comportamiento global del conjunto de los usuarios, podría parecer que éstos no están suficientemente motivados para proteger sus propias vidas ya que parecen rechazar sistemáticamente algunas de aquellas medidas que, obviamente, están destinadas a evitar accidentes.

Puede que nuestro razonamiento nos juegue una trampa. Cuando pensamos en un conjunto de personas, suponemos que ésto sería equivalente a pensar en término de muchas individualidades. Por ejemplo, la idea del cumplimiento de las normas se basa en la idea de que éstas sean respetadas por cada uno de los individuos. Así, el comportamiento conforme a las normas de una sociedad, sería el resultado de la suma de los comportamientos conformes de sus miembros.

Parece obvio que, individualmente, cada uno de nosotros se siente libre de elegir alternativas. Nos sentimos libres de ir más deprisa o más despacio, parar aquí o allá. Aparentemente, nos sentimos libres porque podemos hacer una cosa y mañana otra. Podemos cambiar con relativa facilidad.

Pero con los grupos humanos, la sociedad, las organizaciones, las instituciones… Aunque cada vez asistimos a cambios más rápidos en nuestra civilización, éstos son infinitamente lentos comparados con los que pueden hacer los individuos. Por ello, la capacidad de respuesta de una sociedad no es comparable a la capacidad de respuesta de los individuos que la componen y, el concepto de libertad aplicado a un pueblo o a una nación es bien diferente del que sentimos individualmente.

Nos sentimos relativamente libres en nuestra pequeña esfera individual o familiar a la vez que, como miembros de una sociedad, vemos como nuestros márgenes de maniobra se vuelven cada vez más estrechos cuanto más ampliamos los límites del contexto social en que nos ubicamos.

(continuará)