domingo 23/1/22
Fotograma de la película. Foto: Archivo.
Fotograma de la película. Foto: Archivo.

Uberto Pasolini (Nunca es demasiado tarde) reincide en su intención de tratar la muerte desde una perspectiva en la que prevalece la aceptación. Sin ignorar el drama, no lo magnífica, incluso aporta lecturas valiosas y hasta ciertamente vitalistas. En esta ocasión, lo que podría ser un largometraje abiertamente lacrimógeno discurre con contenida emoción. Reivindica la fortaleza inquebrantable del amor paternofilial y pone esperanza donde aparentemente solo cabe la tristeza. El cineasta se lanza al reto partiendo de unos hechos reales, y lo resuelve con el equilibrio preciso. Acierta a rozar la fibra sensible y deja muy buenas sensaciones.

John, un limpiador de ventanas, es también padre soltero. No ha cumplido los 40, pero le han diagnosticado una enfermedad incurable y le quedan pocos meses de vida. Ahora la mayor preocupación que tiene reside en encontrar el hogar adecuado para el pequeño Michael, de cuatro años, quien se siente enormemente feliz a su lado. Junto a la asistenta social, irá conociendo a distintas familias; sin embargo, no le será nada fácil elegir a la más idónea.

Cuando centra la mirada en el ámbito doméstico proyecta con absoluto realismo la complicidad entre ambos protagonistas. Únicamente con sus miradas y gestos atisbamos el calado del vínculo afectivo que les une. El cariño y la resignación ante lo inevitable se funden en unas secuencias íntimas, repletas de ternura, que traspasan la pantalla.

Alterna esta parcela con las sucesivas visitas a las casas de quienes desean acoger al niño. Mediante este incómodo peregrinar logra retratar un panorama variopinto e ilustrativo de las diferentes maneras de entender la adopción, encadenando detalles anecdóticos, algunos desalentadores y otros verdaderamente cómicos que oxigenan la historia.

A medida que avanza el relato y sin ánimo de sorprender especialmente, va aclarando las incógnitas iniciales sobre las circunstancias que afectan a estos personajes, completando debidamente su descripción.

Redondea el ejercicio con un desenlace alejado, como el resto, del tremendismo trágico, y cierra con una imagen final elocuente y perfecta.

James Norton (Mujercitas) nos brinda una interpretación formidable. No obstante, bajaría muchos enteros si no fuese por la increíble actuación del jovencísimo Daniel Lamont, espléndidamente dirigido.

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