sábado 22/1/22
Fotograma de la película. Foto: Archivo.
Fotograma de la película. Foto: Archivo.

Miguel Ángel Muñoz debuta como director con este documental lleno de amor, ternura y verdad. El film sirve de homenaje a los ancianos que se sacrificaron en el pasado para que no les faltara de nada a los suyos, pero también a quienes les brindan cuidados movidos por los lazos afectivos. Si bien profundiza en aspectos personales de sus protagonistas mediante una sucesión de episodios en los cuales se alterna la emoción con el humor espontáneo, aporta lecturas muy apreciables que deberían servir de referencia a las generaciones actuales.

El popular actor decide realizar los sueños que tenían pendientes él y la Tata (Luisa Cantero), la nonagenaria hermana de su bisabuela, quien lo crio siendo niño. Además, comienza a rodar todos esos momentos irrepetibles. Sin embargo, sus planes se ven truncados por la pandemia y el consiguiente confinamiento, lo que les lleva a convivir 100 días en un pequeño piso de 35 metros cuadrados. Lejos de hundirse, el cariño mutuo y unas dosis de imaginación provocarán que la felicidad termine imponiéndose, alcanzando cotas impensables en esa situación.

Se presenta magníficamente estructurado, respetando la cronología de los hechos. La introducción se dedica a ilustrarnos sobre los antecedentes de esa estrecha relación. La recuperación de viejas fotos e imágenes de archivo dotan ya el relato del tono entrañable que domina la película. A ello se une la alegría que comparten en las pequeñas experiencias tanto tiempo anheladas.

Al centrarse en el enclaustramiento domiciliario, reparte la mirada entre las atenciones necesarias a esta mujer delicada y los entretenimientos improvisados que ponen en marcha. En la primera parcela afloran los sentimientos más valiosos del ser humano con honestidad, sin ocultar aquellas facetas verdaderamente duras y difíciles de afrontar. Resulta imposible no emocionarse, al igual que le sucede al propio intérprete durante la narración. No obstante, evita alargar gratuitamente esos pasajes y acierta a compaginarlos con divertidas anécdotas, que cobran mayor peso y relevancia gracias a las nuevas tecnologías. La selección de videos interactivos de la Cuarentata no tiene desperdicio y deparan instantes hilarantes, con una sorprendente repercusión.

Los últimos minutos vuelven a poner el nudo en la garganta por las reflexiones en torno a la pérdida y al inevitable destino que nos aguarda. Remata el fenomenal trabajo con un epílogo precioso que acompaña a los créditos de cierre.

Crítica: 100 DÍAS CON LA TATA
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