viernes 20/5/22
Fotograma de la película. Foto: Archivo.
Fotograma de la película. Foto: Archivo.

Tan original como entretenida y a ratos divertida resulta esta agridulce comedia francesa, sin grandes pretensiones y cuyos secundarios aportan más chispa que el propio protagonista, algo desquiciante. Estamos ante una historia fresca que nunca se dispersa ni atasca, además, nos mete de lleno en un ambiente acogedor. Si bien se desarrolla básicamente en el mismo escenario, dinamiza la narración al ir introduciendo continuamente acontecimientos inesperados que incluso en los compases finales desplazan la acción por diferentes lugares. Sabe rematar el trabajo con inteligente desenlace, dejando flecos abiertos e invitando al espectador a cerrar totalmente la película a partir de las pistas que ofrece.

Jonas, separado y cerca de los cincuenta, atraviesa una grave crisis profesional y personal. La empresa constructora que dirige está en serias dificultades por culpa de un socio estafador. Por otra parte, sigue pensando en Léa, la joven cantante de ópera con la que convivió mucho tiempo. Tras ahogar las penas en alcohol y mientras intenta sobrellevar la resaca, decide acudir al apartamento de su ex y decirle lo que aun siente por ella, pero la ruptura se antoja definitiva. Abatido, entra en el bistró que hay enfrente y empieza a escribirle unas líneas románticas. Dejándose aconsejar por el camarero; la extensa carta debería tener el efecto deseado.

Concentra el relato en veinticuatro horas, y durante ese lapso temporal acierta a dibujar un microcosmos urbano realmente entrañable o, cuanto menos, curioso. Cada personaje realiza valiosas aportaciones, aunque sea de forma muy puntual. Así, no tienen desperdicio las simpáticas intervenciones de quien atiende la barra del bar. Igual sucede con una madre y su irritable hijo, al que le faltan algunas luces.

Logra generar interés por saber el resultado que deparará esa estrategia clásica de sincerarse por escrito. Con todo, el carácter impulsivo, obsesivo e inseguro de este pretendiente podría llegar a cansar un tanto. No obstante, el guion se esfuerza en disuadir esa posibilidad al incorporar pequeños sucesos con aires tragicómicos, que rompen la apariencia estática de la puesta en escena y desmitifican ciertas idealizaciones vinculadas al amor romántico.

Grégory Montel (Perfumes) conduce el film, liberándose parcialmente de esa exigencia interpretativa gracias al apoyo que particularmente le presta un inspirado Grégory Gadebois (Delicioso). Cierra el reparto principal una de las actrices de moda en el país vecino: Anaïs Demouster (Los amores de Anaïs, Los consejos de Alice), que asume un rol contenido.

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