lunes. 15.08.2022
Fotograma de la película. Foto: Archivo.
Fotograma de la película. Foto: Archivo.

Reúne suficientes alicientes y chispa para pasar 95 minutos entre risas y carcajadas, con una historia de pícaros que recupera el espíritu presente en comedias españolas inolvidables (Los trampososLos que tocan el pianoAtraco a las tres). Engancha también por su soltura y cercanía, a lo cual contribuye el elenco, que cuenta con actores de renombre y otros no profesionales, decisivos a la hora de proyectar esas sensaciones. El relato caricaturiza con acierto a unos perdedores que terminan resultando afables y dignos de compasión. El elaborado guion va embrollando la trama y al final se saca un as de la manga con el que logra el desenlace idóneo.

Joaquín presume de ser un gran empresario ante los demás, pero realmente se encuentra en la ruina: no tiene casa propia, como padre es desastroso y su anciana madre está harta de aguantarlo. El reencuentro con dos amigos de la infancia, Brujo y Luismi, empeorará todavía más las cosas. Los tres se involucrarán en varias estafas con ánimo de conseguir dinero fácil; sin embargo, los planes salen mal y unos matones les exigen por las malas todo lo que deben.

Desde el principio hace gala de frescura y buen sentido del humor. Une a ello algunos toques costumbristas, y el haber rodado parte del film en el madrileño barrio de Orcasitas le proporciona una calidez añadida.

Las peripecias de los protagonistas se suceden sin descanso, muchas con detalles grotescos que se han sabido encajar manteniendo la coherencia narrativa y evitando los excesos en ese aspecto. Además, cabe destacar el magnífico trabajo volcado en dotar de peso y dar participación a unos secundarios que en ocasiones se imponen al resto con frases y gags descacharrantes.

La ficción que Daniel Guzmán (A cambio de nada) lleva a la pantalla intenta ironizar sobre realidades muy reconocibles en su versión dramática. El paro, la ayuda que prestan los jubilados a sus familias, los abusivos productos bancarios y pequeñas miserias sociales afloran en las aventuras de estos bribones desgraciados.

Joaquín González, amigo personal del director y que le ha servido de inspiración, conduce la película con desparpajo, aunque su dicción sea mejorable. Le supera la veterana e igualmente debutante, Esther Álvarez, que se luce plenamente en cada intervención. Luis Tosar, Julián Villagrán, Luis Zahera y el propio realizador los acompañan, componiendo un reparto solvente en líneas generales.

 

Crítica de Cine: CANALLAS
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