jueves 26/5/22
Fotograma de la película. Foto: Archivo.
Fotograma de la película. Foto: Archivo.

Solo atendiendo a que los distintos canales televisivos han multiplicado exponencialmente la afición por la gastronomía en los últimos tiempos, esta notable producción francesa resulta especialmente recomendable. Narra los orígenes del primer restaurante en el país vecino y con independencia de las licencias narrativas que se hayan tomado los guionistas, nos ofrece una historia bien llevada, donde a la seductora vertiente culinaria se suman unas pinceladas satíricas y ligeras notas románticas. Su encomiable factura técnica suma virtudes a tan apetecible estreno.

A finales del siglo XVIII, mientras en París se suceden las revueltas populares, el duque de Chamfort sueña con ingresar en la corte real. Lograrlo depende en buena parte del éxito que tengan los platos con los que agasaja a sus distinguidos invitados. Cuenta para ello con el talentoso Pierre Manceron. Sin embargo, al servir los deliciosos, unos hojaldres rellenos de patata y trufa, recibe la desaprobación de los nobles. Después de este incidente, el chef decide instalarse en el bosque con su hijo, abriendo una humilde posada. Las cosas empiezan a cambiar tras la visita de Louise, dispuesta a quedarse allí como aprendiz.

Lo primero que llama la atención es la manera de caracterizar a los diferentes tipos de personajes. Así, los protagonistas presentan unos perfiles afables y proyectan ese talante al conjunto del film, pero en los aristócratas se advierten rasgos caricaturescos, siendo ridiculizados con elegancia al enfatizar su ignorancia, prepotencia y egocentrismo.

Consigue desarrollar el argumento central concatenando anécdotas y circunstancias casuales que van dando forma a un negocio pionero. Arropa el relato de esos avatares con la relación entre la avispada discípula y el veterano cocinero, que pasa de la tirantez al respeto y el afecto conforme comparten su pasión por los fogones. Además, se permite desvelar detalles que incluso incorporan unas pequeñas dosis de suspense.

Sorprende con un desenlace imprevisto e inspirado en el que no faltan toques de humor.

Grégory Gadebois (El oficial y el espíaPolice) e Isabelle Carré (Tímidos anónimos) se compenetran perfectamente, generando la química precisa pese a la distancia que inicialmente les separa. Benjamin Lavernhe (Pastel de pera con lavandaC'est la vie) vuelve a demostrar que domina los registros cómicos.

Crítica: DELICIOSO
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