martes 25/1/22
Fotograma de la película. Foto: Archivo.
Fotograma de la película. Foto: Archivo.

No resulta muy habitual que las precuelas estén, cuanto menos, a la altura de sus referentes; sin embargo, en esta ocasión, Matthew Vaughn, el director de las anteriores entregas de Kingsman, sale airoso y se suma a las honrosas excepciones. El equipo de guionistas ha elaborado una intriga llena de alicientes y giros que funciona de manera independiente. Procura equilibrar la participación del extenso elenco de personajes que intervienen, aunque algunos pasan fugazmente, y cuenta con un espléndido diseño de producción. Su punto débil reside en la escasa motivación y nula verosimilitud del enigmático villano, lo cual perjudica sensiblemente el desenlace, que no provoca el pretendido efecto sorprendente.

El duque de Oxford, un hombre de talante pacifista, no está dispuesto a que su único hijo, Conrad, todavía adolescente, ingrese como voluntario en el Ejército y sea destinado al frente occidental de la Gran Guerra. Curiosamente, él mismo termina involucrando al joven en las operaciones secretas que lidera y cuyo objetivo es desbaratar los planes de una oscura organización dedicada a manipular a los grandes líderes mundiales con la intención de debilitar a las fuerzas aliadas.

La trama nunca decae a lo largo de las dos horas de metraje. Los primeros minutos avanzan la vocación del relato de viajar por medio mundo a través de sucesivos episodios que deparan acción, misterio y secuencias bélicas fenomenalmente rodadas, muestra de sus excelencias técnicas. De los refinados y lujosos escenarios palaciegos pasa a la crudeza del campo de batalla con loable soltura.

Adapta ciertos hitos históricos a la ficción y compone una nueva versión de los hechos adecuadamente trazada al servicio del espectáculo cinematográfico. No obstante, en ese afán por deslumbrar obvia enriquecer los perfiles de sus protagonistas y en mayor medida de aquellos secundarios con roles destacados, unos matices que les hubiesen venido bien.

La resolución reincide en los alardes visuales, que no ofrecen reparo, pero falla en el fondo. Cuando descubrimos los detalles de la conspiración que se han ocultado, cuesta encajarlos de forma coherente en la historia.

Ralph Fiennes conduce la película con oficio. Le aguanta el tipo Harris Dickinson, que puntualmente lo releva con solvencia. Djimon Hounsou (Gladiator) y Gemma Arterton cumplen en unos papeles que se quedan cortos, mientras Rhys Ifans encarna a un convincente Rasputín. Se suman muchos más nombres conocidos en breves apariciones.

Crítica: THE KING'S MAN LA PRIMERA MISIÓN
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