jueves 26/11/20

El Festival de Cine de San Sebastián da el pistoletazo de salida

Este año se presenta la edición más difícil, complicada y  la más necesaria de todas. Esto se debe a muchísimas razones, y sobre todo abstraer durante un rato al espectador de la triste realidad que estamos viviendo con la pandemia.

Para un servidor, todo los años hago el viaje por carretera desde Madrid. Pasar el último túnel y entrar en el barrio de Amara fue como una bocanada de aire fresco, una inmensa felicidad.

Después de los Festivales de Málaga y  Venecia,  el siguiente reto era el Zinemaldia,  en un formato inédito. De hecho, se presenta sin alfombra roja para el público; sin selfies; sin autógrafos; sin colas para entrar a las sesiones; menos invitados y participantes; sin la gran pantalla del velódromo; sin fiestas de inauguración y clausura. Asimismo,  no se  usó San Telmo, y con la mitad del aforo, por ejemplo el Kursaal con 1.800 butaca,  sólo acogió a 600 personas por sesión.

Un festival reconocido y seguro

Las entrevistas telemáticamente y  a la vez presencial, todo muy diferente y extraño.  Además, se hace extraño no tener a nadie al lado de tu butaca,  todas las entradas numeradas, una idea que ya estudia el festival y que sería muy bien acogida. En definitiva, un festival reconocible y seguro, una ciudad que lo ha vivido con mucho optimismo, y  sobre todo, un festival enmascarado.

Esta edición se celebra gracias al empeño de su director Jose Luis Rebordinos,  y su equipo. Estos ni se plantearon un festival digital o online, o se hacía presencial o  no había.

Lo más importante ha sucedido dentro de las salas, con una programación muy distinta de la que se tenía previsto inicialmente. El virus ha perjudicado a los festivales de otoño, otros no se han podido terminar o montar. Un punto positivo es que ha permitido que títulos que podrían haber ganado en Cannes, tengan su estreno mundial en San Sebastián.

El Festival de Cine de San Sebastián da el pistoletazo de salida
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