miércoles 8/12/21

Críticas de Cine: GODZILLA VS. KING KONG

Una película que cumple plenamente con las expectativas generadas, aunque sin superarlas
GODZILLA VS. KONG 10
Godzilla VS. Kong

El título ya avanza lo que depara esta superproducción hollywoodense. Sabiendo además que da continuación a Kong: La isla de la calavera (2017) y a Godzilla: Rey de los monstruos (2019), se diluye cualquier duda sobre su contenido. En ese sentido, se debe reconocer que cumple plenamente con las expectativas generadas, aunque tampoco las supera. No obstante, se ha de agradecer que, con un presupuesto argumental propicio para un despliegue pirotécnico arrollador, acierte a dosificarse y coloque las secuencias atronadoras en los momentos precisos.

Cuando Godzilla, después de varios años desaparecido, ataca las instalaciones de Apex Industries en Pensacola (Florida), los rectores de esta prestigiosa corporación tecnológica concluyen que la única manera de acabar con tan temible amenaza pasa por encontrar el origen de los titanes, en el interior de la Tierra. Solo Kong puede guiarles hasta ese lugar, así que, tras convencer a los científicos encargados de custodiar al gran primate, se embarcan en una expedición hacia la Antártida, pero tal decisión resucita la vieja y letal rivalidad entre ambos colosos.

El guion, sin obviar las imágenes espectaculares que desea el público, se preocupa por desarrollar de forma paralela dos tramas igualmente interesantes. La peligrosa travesía por mar, que proporciona las escenas más aparatosas, se alterna con otra intriga encaminada a destapar el lado oscuro de la poderosa multinacional. Este segundo hilo narrativo toma las hechuras de una aventura juvenil, con ligeras reminiscencias ochenteras, lo que contribuye a evitar un exceso de acción abrumadora.

Resulta sencillo detectar algunas pequeñas incoherencias y lagunas narrativas; sin embargo, si se opta por este tipo de entretenimiento no parece aconsejable dedicarse a encajar perfectamente todas las piezas del relato. Basta dejarse llevar y aguantar la explosiva resolución. Ahí sí que se explayan los departamentos técnicos y ofrecen el esperado y vibrante clímax, sorpresa incluida: una violenta pelea envuelta en luces de neón (quizás el director añora sus tiempos discotequeros).

El reparto aprovecha los espacios interpretativos y cumplen con unos papeles que no invitan a lucimientos. Alexander Skarsgård y Rebeca Hall se ajustan a sus roles de buenos, lo mismo que Demián Bichir (Los odiosos ocho) y Eiza González (Bloodshot) a los de malos. Brillan también las jóvenes Millie Bobby Brown (Stranger Things) y Kaylee Hottle.

Conviene apuntar que no se esconde nada al final de los extensos créditos de cierre.

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