sábado 31/7/21

"Quisiera que alguien me esperara en algún lugar": crítica

Foto: KARMA FILMS
Foto: KARMA FILMS

Quisiera que alguien me esperara en algún lugar empieza hablando de las metas pendientes de cruzar. De aquellas que jamás se alcanzarán, de los irrenunciables lazos fraternales, a prueba de desencuentros y del vínculo común que encarna la figura materna. 

El éxito de las películas corales en los últimos tiempos es patrimonio del cine francés. El país vecino ha sabido actualizar esta fórmula y tratar, casi siempre con humor y frescura, situaciones de carácter cotidiano que conjugan diversas subtramas. Ahora, partiendo del libro homónimo de Anna Gavalda, publicado en 1999, nos presenta una historia desigual: "Quisiera que alguien me esperara en algún lugar" comienza siendo una comedia agridulce. Hasta que, súbitamente, da un giro al drama. Se torna demasiado trascendental en su mensaje, y da la sensación de precipitarse en esa parte final sin armar debidamente sus argumentos.

Aurore celebra su 70 cumpleaños en compañía de sus hijos: Jean-Pierre que tuteló a sus hermanos tras la muerte de su padre, lleva una vida tranquila. No obstante, eso cambia cuando a un antiguo amor le diagnostican un cáncer. Juliette está embarazada y aunque ejerce de maestra, todavía sueña con ser escritora. Margaux pretende triunfar como fotógrafa y al acomplejado Mathieu le gustaría conquistar a una compañera de la oficina.

Protagonistas que pertenecen a distintas generaciones

"Quisiera que alguien me esperara en algún lugar" empieza hablando de las metas pendientes de cruzar, de aquellas que jamás se alcanzarán, de los irrenunciables lazos fraternales, a prueba de desencuentros y del vínculo común que encarna la figura materna. En esos compases se aprecia una virtud esencial del guion: los protagonistas pertenecen a distintas generaciones. Ello permite contraponer las aspiraciones y perspectivas de cada uno de forma totalmente asumible. Consigue además que los cuatro presenten aspectos interesantes, de manera que al ir alternando la atención sobre su día a día el conjunto no experimenta altibajos.

Mediado el metraje se atreve a espolear la trama con un golpe de efecto impredecible y difícil de comprender en un principio. Voltea entonces su discurso y se adentra en terrenos intimistas y delicados, relacionados con la asunción de la perdida y la puesta en valor de cuanto se ha compartido y de quienes han sido decisivos en aproximarnos a la felicidad. No obstante, el relato decae sensiblemente y se acelera hacia una resolución facilona que deja tibias sensaciones.

En el reparto, brilla el carisma de Jean-Paul Rouve, habitual en este tipo de propuestas (Lola y sus hermanos, C’est la vie). Le secundan Alice Taglioni (El juego de los idiotas), Camille Rowe y Benjamin Lavernhe (Pastel de pera con lavanda) de quien se vuelve a aprovechar su vis cómica; mientras la veterana Aurore Clément asume un rol secundario.

J.A. Díaz

"Quisiera que alguien me esperara en algún lugar": crítica
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