martes 25/1/22

SPENCER

El biopic de Diana de Gales lleva a una Kristen Stewart a ratificar su madurez interpretativa.
Kristen Stewart como Lady Di. Foto: Archivo.
Kristen Stewart como Lady Di. Foto: Archivo.

Aquellos que esperen un extenso biopic de Diana de Gales se pueden llevar una decepción porque el film de Pablo Larraín (El Club, NerudaJackie) centra la mirada únicamente en tres días de su vida. Retrata de manera rotunda el estado de desquicio, opresión y depresión que comenzaba a padecer a finales de 1991. El director se excede al aplicar puntualmente recursos muy singulares para acercarnos a ese desasosiego, consiguiendo su propósito principal a costa de que el relato resulte reiterativo.

Diez años después de casarse con el príncipe Carlos, la popular Lady Di se encuentra sumida en una crisis que se antoja insuperable. Todos saben que su marido se ve habitualmente con Camilla Parker Bowles. Sin embargo, debe mantener públicamente las apariencias y particularmente ajustarse a lo que marcan las tradiciones de la Corona. La corta estancia en Sandringham House, durante las celebraciones navideñas, se convertirá en el peor infierno que podía imaginar. Solo sus hijos le aportan un rayo de luz a esa condena.

Los primeros minutos dedicados a la protagonista son suficientemente ilustrativos del incómodo y gélido clima en que se movía. Desde las secuencias iniciales sigue cada paso de esta figura, lo cual deviene en muestras de agotamiento, especialmente perceptibles en el último tramo del metraje. Con ánimo de evitar la sensación de estancamiento, el cineasta introduce ensoñaciones y metáforas visuales, plásticamente aparentes, pero que descolocan por romper repentinamente con el desarrollo narrativo, recalcando innecesariamente el mensaje central.

No se priva de recrear con punzante ironía los lujos, las rutinas y el modo de ser de los miembros de la monarquía británica, sin llegar a ridiculizarlos abiertamente. Y se vale de un reducido número de eficaces secundarios a la hora de aportar la versión más humana de una mujer incomprendida en su entorno y querida por el pueblo. 

En los apartados técnicos, al loable trabajo de vestuario se une la banda sonora, de hechuras clásicas, compuesta por Johnny Greenwood (Pozos de ambiciónEl hilo invisible), que alcanza a tener una relevancia equiparable a las propias imágenes, aunque ocasionalmente se torna intencionadamente estridente y machacona.

Kristen Stewart (Crepúsculo) ratifica la madurez interpretativa de la que ha hecho gala en trabajos anteriores. Comparte estimables escenas con unos convincentes Timothy Spall (Mr. Turner), Sally Hawkins (La forma del agua) y Sean Harris (El caballero verde).

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