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CASO COLLINI

El Caso Collini y como el Nazismo no terminó en 1945

El Caso Collini no está mal que el cine sirva también de vehículo de redención y reconocimiento de dolorosos errores históricos. En ese sentido, los últimos años hemos podido disfrutar de varias películas notables, procedentes de Alemania, que condenan los crímenes nazis, conformando casi un subgénero. Este título sigue la misma línea, pero son ya tantos los films estrenados que, aún presentando un interesante y sólido drama judicial, provoca una ligera sensación de déjà vu.
El respetable empresario Hans Meyer es asesinado a sangre fría en un céntrico hotel de Berlín. Todos los indicios apuntan a que su verdugo ha sido Fabrizio Collini, quien aparentemente no tenía relación alguna con este hombre de negocios. Un abogado recién licenciado toma el que será su primer caso, con el agravante de que estaba muy unido a la víctima. Sin embargo, antepondrá su honestidad profesional al servicio del acusado, que no parece dispuesto a colaborar.

Un guion bien calculado

El desarrollo de la trama de El Caso Collini responde a un guion calculado. Sabe destapar los secretos que esconde en los momentos precisos, pese a que varios de ellos se intuyen con anterioridad. Además, el recurso al flashback, para recrear un crudo episodio ocurrido durante la guerra, contribuye a que no decaiga en ningún instante.
Encontramos entre sus presupuestos aspectos jurídicos estrechamente vinculados a los argumentos que trasladó a la gran pantalla la directora Margarethe von Trotta en Hannah Arendt (2012). Estos son siempre sustanciosos y no exentos de debates filosóficos. Aunque a veces las exposiciones de los letrados ante el estrado se tornan algo densas.

Un personaje enfrentado a sus emociones y a la ética

Por otra parte, cuando lanza su mirada al pasado, emparenta con la lejana Muerte en Roma (1973). La cual bien podría considerarse una secuela. No obstante, ello no quita a la hora de reconocerle sus propios méritos.
Elyas M’Barek (El médico) se mete perfectamente en la piel de un personaje enfrentado a sus emociones y a la ética que exige el ejercicio del derecho. A su lado destacan el veterano Franco Nero, en un rol más aprovechable que gana conforme se precipitan los acontecimientos, y Heiner Lauterbach, encarnando con rotundidad al sobrio y maquiavélico representante de la acusación particular.
J.A. Díaz

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