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Tenet

Crítica de Cine: Tenet

Los seguidores del Christopher Nolan más complejo y retorcido celebrarán el estreno de Tenet. Este film es un ejercicio megalómano, visualmente deslumbrante en muchos momentos. Todo ello a costa de soportar un thriller de espionaje intencionadamente confuso, que puede agotar al resto. Especialmente a aquellos espectadores empeñados en encajar en su sitio cada pieza del puzzle. Tal vez el reputado realizador esconda un maquiavélico propósito: tentar al público a aceptar su reto; y pasar varias veces por taquilla hasta resolver el rompecabezas o, al menos, tener esa sensación.
Un experimentado agente secreto recibe la misión que nunca imaginó: debe salvar al mundo del cataclismo asolador que, inexplicablemente, alguien está urdiendo desde el futuro. Las escasas pistas de las cuales dispone apuntan a un inaccesible traficante de armas ruso. La única oportunidad de acercarse a este mafioso es a través de su elegante exmujer, aficionada a las obras de arte. Con la ayuda de un compañero de profesión irá aproximándose al objetivo, ignorando los increíbles y letales recursos que maneja.

Vibrante secuencia inicial

La vibrante secuencia inicial destapa las cartas de presentación del film y de su elevada ambición. De hecho, en ocasiones se torna en contra suya. Tras ese prometedor preámbulo, introduce al protagonista y esboza de una intriga original, que paulatinamente va creciendo en intensidad y acción. No obstante, cuando empieza a jugar con las paradojas temporales, guiado por el ánimo de sorprender continuamente, se gusta demasiado y termina por desparramarse en exceso.
En el fondo, buena parte del relato se sostiene en los esquemas y tópicos propios del género. Solo que el guion los difumina en una trama marcada por la obsesión en manipular a su antojo las leyes de la física cuántica. Así que conviene disfrutarla dejándose llevar por sus potentes imágenes. En ese sentido, la inversión de 225 millones de dólares de presupuesto queda sobradamente patente a lo largo de los 150 minutos de metraje. A estas alturas los departamentos técnicos consiguen resultados verdaderamente llamativos que compensan el embrollo narrativo.
Entre tanto artificio, los actores mantienen el tipo; comenzando por John David Washington (Infiltrado en el KKKlan), a quien siguen de cerca unos convincentes Robert Pattinson y Elizabeth Debicki. Además, cuenta con pequeñas participaciones de Michael Caine y Aaron Taylor-Johnson. Ahora bien, los elogios deben ser para Kenneth Branagh. El intérprete británico proporciona una rotunda personalidad al malo de la película, únicamente comparable a algunos villanos memorables a los que se ha enfrentado James Bond.
J.A. Díaz

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