Inicio / Opinión / Opinión: Del entusiasmo a la nada

Opinión: Del entusiasmo a la nada

Cuando me adentré a Vox era un movimiento de ilusión. Recuerdo aquellas primeras reuniones de primavera floreciente en el Paseo Andalucía. Allí nos sentábamos en las mesas del Bar La Cabaña con aires de una clandestinidad nueva y emergente. Porque Vox era como un partido maldito en sus verdades, en el sentido común. Todo aquello que nadie se atrevía a decir estaba en esas voces de nuestros dirigentes.

Recuerdo que fui al colegio de médicos de Málaga en una de esas visitas relámpago que hacia Santiago Abascal a Málaga. Había dejado de creer en la política como arte se servir al interés público. Estaba defraudado del PP, porque había perdido los valores y fines fundacionales. Por esto mismo, veía en este partido de derechas un motor de inconformismo y de lo políticamente incorrecto.

Las elecciones andaluzas eran la cancha perfecta para esa primera prueba de fuego. No eran nuestro cometido, pero pusimos el hombro con el candidato al parlamento andaluz -actualmente parlamentario-, Eugenio Moltó García. Le buscamos visibilidad y proyección en medios que nos abrieron las puertas a pesar de los vetos reales. Velevisa y Electrovídeo tienen gran culpa de que Moltó esté sentado en el Palacio de San Telmo, porque le dieron unos espacios envidiables y eso no está pagado.

Por otra parte, en cuanto nos dijeron que había la posibilidad de un mitin del secretario general, Javier Ortega Smith, nos pusimos manos a la obra. Funcionamos como un verdadero equipo. Con pocos medios y con la gentileza del restaurante El Cruce del Trapiche, llenamos un aforo para 500 personas. Ese mismo día estaba el actual presidente de la Junta, Juanma Moreno, en Trops, y convocó a no más de un centenar de personas. Era David contra Goliat, pero cuando hay ilusión por las cosas el trabajo humano suple al poderío económico.

Los resultados de la noche electoral andaluza dieron la llave maestra a Vox. Era todo un logro, ya que el partido de Abascal había decidido presentarse a última hora. Esa falta de estructura, aderezada con cierta anarquía en movimientos y decisiones, le daba a la formación un aire de desenfado político muy consistente.

Pero todo cambió en aquella asamblea general donde creíamos que podíamos asistir los militantes y, al final, se adujo falta de espacio para votar de manera telemática algo que ya estaba pactado de antemano. No habría primarias y las ejecutivas provinciales iban a dirigir los destinos de las localidades.

Se quiso controlar tanto el partido para que no entraran trepas u oportunistas que pasamos a ser totalmente inmovilistas. El presidente provincial tenía a alguien de su cuerda en cada pueblo y era la única voz autorizada; pero, ciertamente, no lo había elegido nadie. Había necesidad de crear oficialmente el comité ejecutivo local para repartir funciones y trabajar sobre algo solido.

El adelanto de las elecciones generales paralizó aún más la actividad local, ya que el partido había nacido con vocación nacional, salvaguardando sobre todo la unidad nacional. Vox había sentado a los golpistas como acusación particular, y luchar contra los independentistas catalanes era su gran baza.

La pre-campaña de las municipales, pues, llegaron sin estructura interna, pero nos afanábamos en buscar un líder que aglutinara en torno a él un sentimiento de cambio. Pero el «dedazo» funcionó en la imposición del candidato, se desdeñó el trabajo del movimiento inicial y muchos nos echamos a un lado.
Las consecuencias son las de ayer. Un candidato de última hora y poco conocido que no consigue representación, constatado por más votos en las elecciones europeas. No basta con la marca y levantar multitud de carpas informativas para calar en el electorado. Hay que tener un programa y tomar la calle para hablar, convencer y actuar, como bien dice una de las primeras premisas de la formación.

Ahora, finalmente, es tiempo de pedir responsabilidades. De hecho, el presidente provincial, José Enrique Lara, ha conseguido unos pésimos resultados por su mala gestión. Es más, ni ha agarrado el sillón que tanto anhelaba. La gestora es la única solución para Málaga.

 

Antonio M. Clavero Muñoz

Check Also

El estadio Vivar Téllez, sin duda el peor campo de fútbol de la Tercera División andaluza

No es de recibo que un estadio en el que constantemente se practica fútbol, esto …

error: Contenido protegido

Si continúas utilizando este sitio, aceptas el uso de las cookies. Más información

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar