viernes 20/5/22

Mi tercera casa

Vista aérea de Granada. Foto: Fuerte Hoteles.
Vista aérea de Granada. Foto: Fuerte Hoteles.

—Han cogido y han tapado donde se quedaban a dormir los vagabundos por estas mierdas— dice señalando mi hermano a los pequeños espacios entre columnas del exterior de la Estación de Autobuses de Málaga, custodiadas ahora por árboles de Navidad extravagantes.

Los indigentes (nunca me ha gustado esa palabra, pero necesito sinónimos), utilizaban esos espacios para protegerse de la intemperie del exterior y pasar la noche. Sugiere que haga una noticia de eso. Se refiere a una columna. Sinceramente, no sé si hacerla. Al final es suposición, pero sí que es cierto que todo está más tapado y vigilado. Cuando vuelva preguntaré. No obstante, no coincido sobre que los árboles sean una mierda. El arte consiste en materializar todo lo que ronda por tu cerebro; darle un significado. Algunos artistas mejor que otros. Otros simplemente tienen una cara muy dura. Pero no creo que fuera culpa suya que el Ayuntamiento estuviera plagado de gente tan ruin.

Vamos a ir a visitar a mi madre a Granada, concretamente al municipio de Las Gabias. Iba a escribirlo con uve. Búsqueda rápida en Google y doy gracias a mi conciencia intranquila en este tema sobre si escribo bien de primeras un nombre que no conozco. Me ha vuelto a salvar.

Está viviendo ahora en un pisito muy apañado, desde el que escribo esta columna. Dos habitaciones, salón no muy amplio y balcón. Paso del baño y la cocina porque son indispensables. Eso de que hagas macarrones en un fogón al lado de la cama y tengas que ir a echarlos luego a la gasolinera de al lado, en pisos más de 900 euros de alquiler, sigue impresionándome. Las vistas de Granada son impresionantes, pero la cuesta que hay que subir para llegar a casa y el siberiano frío procedente de la Sierra, condicionan mi gusto por la ciudad.

Solo pasaré un día y duele. A pesar de haber venido tantas veces, duele no aprovechar el tiempo y ver la imponente Catedral (no para inverosímiles misas), la árabe Alcaicería, la magnífica Plaza de Isabel la Católica o simplemente pasear bien abrigado (cómo no) viendo la vida granaína pasar. Conversar con su gente. Ojear mercadillos navideños para comprar un detalle a los abuelos. Almorzar en algún bar coqueto. Visitar un museo. Probar a encontrar a alguna personalidad. Hacer fotos. Asomarse al Genil. Y tantas otras cosas que no digo.

Por tanto, usaré el tiempo para escribir y leer. Y soportar el frío. Y engullir la comida de mi madre. Y señalar a algún desgraciado que vende un zulo por más del salario mínimo.

Granada es como mi tercera casa después de Madrid. Tener familia desperdigada por España es difícil. Pero el aspecto positivo es todo lo que se puede ver, todas las personas con las que se pueden hablar. Todo lo que se vive. Viajar es conocimiento. Y cuando estableces un lazo con el sitio, es cariño. Es nostalgia.

Mi tercera casa
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