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Racistas ideológicos

Parafraseando a la compañera Guadalupe Sánchez, hoy «el periodista crítico es acusado de ser un fascista liberal crispador y corrupto, adorador de Franco, amante de las catástrofes medioambientales y defensor de machistas maltratadores».

 

 

Mikel N. Navarro. Decía Antonio Machado que para dialogar hay que preguntar primero y luego escuchar. El problema es que la mayoría interroga y hace oídos sordos.  Soy un verdadero amante del debate político. Es impagable un buen rato de conversación con quien está al otro lado de tu ideología y yo tengo la enorme suerte de contar con verdaderos amigos que piensan todo lo contrario que yo. Créanme si les digo que son precisamente en esas lides donde más disfrutan mis sentidos y mis ganas diarias de aprender.

Lamentablemente esto del coronavirus nos ha convertido a los periodistas en el foco de las iras de quienes no entienden que el relato de los hechos no puede amoldarse al gusto del consumidor ideológico. Parafraseando a la compañera y columnista Guadalupe Sánchez, hoy «el periodista crítico es acusado de ser un fascista liberal crispador y corrupto, adorador de Franco, amante de las catástrofes medioambientales y defensor de machistas maltratadores». Siempre es lo mismo, hay que matar al mensajero porque lo que dice, lo que publica o lo que opina no es lo mismo que pienso yo.

Hace unos días le comentaba por teléfono a un buen amigo, socialista de los de antes con canas de las de ahora, que si en el panorama político actual hubiera más afán de diálogo y menos cainitas, todos lo agradeceríamos. Me dijo, con toda la razón del mundo, que la tendencia hoy es enterrar los argumentos y el debate para imponer la falacia del bulo, lo políticamente correcto, el rodillo y las rodilleras. Mejor enterremos entre todos el periodismo y dediquémonos a la publicidad.

Lamentablemente, este país no termina de encontrar el modo de cerrar sus heridas y sus fantasmas pasados y el hecho de que dos pensamientos políticos diametralmente opuestos puedan entenderse es como intentar la cuadratura del círculo. Preferimos ser racistas ideológicos y no evolucionar. Nacemos, vivimos y morimos de derechas o de izquierdas y el adversario siempre tiene la culpa de todo.

Yo prefiero el diálogo a convertirme en ignorante porque la ignorancia, tan común en este mundo como los charlatanes, suele ser el resultado de la falta de lectura y madre del adoctrinamiento.  Para evitarlo sólo es necesario tener la mente abierta, los ojos despiertos, el corazón presto y el culo prieto.

 

 

 

 

Aclaración: Columna de opinión rescatada en parte de otra que escribí en El Comarcal en 2015 y adaptada a la situación actual

 

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