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Crítica de Cine: CAMERA CAFÉ

Recupera los arquetípicos personajes televisivos acentuando sus matices esperpénticos y proporciona un divertimento bufo, donde abundan los chistes simplones, alejándose sensiblemente de la exitosa serie. Desde los minutos iniciales apunta unas formas grotescas que van aumentando hasta extremos insospechados y ridículos. Estira los rasgos de sus protagonistas y no siempre acierta. Concatena sin solución de continuidad gags que responden a los patrones del humor absurdo, derivando a terrenos caóticos.

Circunstancias inesperadas provocan que Quesada, el rey del escaqueo y buen vivir, sea nombrado director general. El cargo tiene trampa porque deberá demostrar en unas semanas que sus cifras de negocio superan a las de la delegación portuguesa. Si no lo consigue, las oficinas españolas echaran el cierre. Los cambios que ordena no resultan muy adecuados para conseguir ese objetivo, aun así, los balances en ambos centros son similares; solo un exigente concurso de habilidades empresariales resolverá la cuestión.

Las comedias de Álex de la Iglesias y Javier Fesser parecen haber inspirado sus aspectos visuales y episodios desmadrados. Aquí ese tono va creciendo y los últimos compases, intencionadamente casposos, rozan el bochorno. Se advierten aires surrealistas heredados de Muchachada Nui, no en vano, entre los autores del guion figuran Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla, quien además dirige el film.

Se atreve a aportar pequeños contrapuntos emotivos vinculados a lo que se esconde tras esas fachadas desinhibidas. No obstante, únicamente se quedan en unos tímidos apuntes que sirven de pretexto a la hora de intentar redondear el final.

Por otra parte, se le debe reconocer la agilidad narrativa; mientras que ciertos recursos técnicos poco habituales, incluyendo un fugaz episodio de dibujos animados, se aplican con fortuna desigual. En ocasiones se antojan auténticas frivolidades.

Delante de las cámaras Arturo Valls vuelve a ser el alma mater del grupo y su vis cómica permite que algunas secuencias funcionen con la chispa que le falta a la mayoría.

Principalmente, los incondicionales de Camera Café valorarán mejor el reencuentro nostálgico con esos humildes frikis en los que muchos verán reflejada su propia caricatura.